Al honrar el Corazón Inmaculado de María lo abarcamos todo, como templo de la Santísima Trinidad, remanso de paz, tierra de esperanza y cáliz de amargura, dolor y gozo.
El misterio de la Asunción de María en cuerpo y alma se inscribe completamente en la resurrección de Cristo. La humanidad de la Madre ha sido "atraída" por el Hijo en su paso a través de la muerte.
Un día como cualquier otro, en que cuidaban las ovejas, empezó a llover, por lo que fueron a cobijarse en una gruta que había en la roca y allí se dedicaron a rezar el Rosario como lo hacían todos los días.
La voluntad del Señor respecto al establecimiento de esta fiesta fue manifestada desde Sus primeras revelaciones a la Santa. En total, hubo 14 revelaciones sobre la fiesta.
San José tuvo el privilegio de ser esposo de María, de criar al Hijo de Dios y ser la cabeza de la Sagrada Familia. Es patrono de la Iglesia Universal, de muchísimas comunidades religiosas, instituciones y países, y de la 'buena muerte'.
Cuenta la tradición que cierto día San Blas salvó a un niño que se había atragantado con una espina de pescado. De ahí la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta, 3 de febrero. Eso también le valió convertirse en patrono de los otorrinolaringólogos y de quienes padecen alguna afección a la garganta.
El 11 de febrero no solamente recordamos las apariciones de Nuestra Señora de Lourdes, sino también es un día para estar en oración. En esta fecha tan especial, imploramos la intercesión de María por todos aquellos que sufren de una enfermedad ya sea corporal o espiritual.
El Evangelio de San Mateo nos narra que los magos llegaron a Jerusalén en busca de un nuevo Rey que acababa de nacer, y pensando que lo encontrarían entre la nobleza, se encaminaron al palacio del rey Herodes.
El 2 de febrero también es conocido como la fiesta de la Candelaria, en este día se conmemora la purificación de la Virgen María después del parto y cuando Jesús fue presentado en el templo de Jerusalén, para cumplir el mandato de la Ley del Antiguo Testamento.
La Iglesia siempre ha enseñado que orar por los difuntos es una obra de misericordia y que los fieles podemos ayudar a nuestros difuntos mediante la oración, el sacrificio y especialmente, por la Santa Misa, sacrificio de Cristo.
La costumbre de celebrar las Misas Gregorianas por un alma en particular, demuestra que hay muchas personas que no están listan para el cielo inmediatamente después de morir, y que, por eso, necesitan el poder intercesor del sacrificio de Cristo, presente en la Santa Misa.
Los ángeles custodios tienen la misión de acompañar a cada hombre, mujer, niño y niña en el camino de la vida, cuidarlos de los peligros del alma y el cuerpo, protegerlos del mal y guiarlos por el camino de la santidad.
Durante todo el mes de septiembre, la Iglesia celebra el mes de la Santa Biblia y presta especial atención a la Palabra de Dios contenida en las Sagradas Escrituras.
La familia está en el centro del plan de Dios para la felicidad y el progreso de Sus hijos. La Santa Biblia enseña que Dios estableció a las familias desde el principio y nos muestra muchos ejemplos de familias fuertes.
La sangre de Cristo te habla en forma clara y rotunda del compromiso absoluto y del amor fiel e indefectible que Dios tiene para ti y para todos los demás.